domingo, 29 de abril de 2018

Propia


Atraída por el mar embravecido, 
Dócil a su palabra tierna y su voz en calma 
Encantada por sus voces interiores que a veces me deja escuchar. 
Sabe de mis lugares conquistados en ésta soledad y no resigno perderles. 
Besa mis pies con su agua helada y no me asusta.
Horas mirándolo alejarse como aquel navegante en busca de nuevos puertos.
No me asusta, pues vuelve…
Castillos de arena, juegan entre los recovecos de mi mente
Las gaviotas me dicen que espere, que no deje de tejer trenzas en mi cabellera.
Los cangrejos me despiertan de mis sueños y me muestran la realidad cruda.
Me detengo un instante y veo mis huellas en la arena, cuanto descanso en esos momentos.
Las olas conversan amistosamente diciéndome que siga otro camino o que desaparezca , ¿quién tiene esa autoridad?
El viento me consuela mientras el azul se oscurece al caer la noche.
No me asusta, pues vuelve…
Algunos sonidos se meten en mi choza queriendo arrebatar la paz que he logrado.
Los cangrejos vuelven porque desean sujetarme a sus encantos, pero no me ven, no me ven, ciegos están.
Al amanecer el viento sacude con fuerza mis pies frágiles, él sabe que no me ven.
Cánticos pasionales se pliegan en mis oídos intentando guardar lo poco vivido.
El mar vuelve y besa mis pies sabiéndome propia y él cuando más propia me deja ser más espero su regreso.
AVG
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