lunes, 9 de marzo de 2026

Lo que trae un aroma

           Ese sábado de Marzo, tan caluroso, húmedo y a la vez tan indeciso, trajo a la vida de Ana, un deseo de  volverse a enamorar.  Caminaba por ese lugar tan verde, repleto de álamos, eucaliptos, paraísos, higueras... y la soledad del amor,  le empezó a quedarle muy grande, demasiada absorbente y más amarga que en otras épocas. Se sentó en un alto del terreno y observó el verde campo, mientras tomaba mate. Pensó en los años que venía viviendo para trabajar y sostener a su familia, si bien era parte de su anhelo, pero era inevitable no pensar en el futuro.  

       Durante los días siguientes, la soledad trajo aguaceros en su alma y empezaron a brotar  lágrimas en cualquier momento del día. El pasado volvía sobre los miedos, las heridas  y la desconfianza comenzaba otra vez a levantar muros.  

          Fue en aquella cosecha de limones en el mes de junio, cuando sintió por primera vez, que todo el peso que llevaba se había desintegrado no era  fruto de la magia, sino de rogar incansablemente, sin perder la mirada sobre los días. No apareció el amor, ni a primera vista, ni segunda, ni tercera, tampoco en un encuentro fortuito del que hablan algunos, ni de una cita, ni de alguien que vuelve del pasado, nada de eso ocurrió. Simplemente dejó de buscar, de buscarlo, de forzar cualquier amistad y se dejó llevar por el aroma cítrico mientras recolectaba y descubrió la certeza de que  a su tiempo se encontrarán. 

            



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