jueves, 24 de enero de 2019

Mi madre 
Desde que tengo memoria, mi madre solía escribir en su tiempo libre, que por cierto era muy poco, debido a su tendencia sobreprotectora y culposa. Supongo que por el hecho de ser el único adulto en la casa, madre y trabajadora a tiempo completo, sus ojos estaban siempre pendientes de nosotras. Yo era muy insistente y me gustaba tener el control sobre ella, hasta que un día mi madre con voz firme, muy firme elaboró una serie de reglas en la casa. Nos sentó a mi hermana y a mí y dijo:
-Regla uno: en ésta casa se puede estar enojada, se puede llorar y gritar. Cuando se quiera, se necesite se hablará del enojo.
-Regla Dos: cada una de ustedes tiene una serie de responsabilidades escritas en esta hoja y también sus beneficios.
-Regla tres: cuando su madre escribe, no se la molesta.
Mi hermana más dócil aceptó las reglas, pero a mí no me gustaron nada. Con el tiempo fui entendiendo…
Recuerdo que una madrugada me levanté, fui hasta su dormitorio y no estaba, entonces caminé descalza hasta la sala y la encontré sumergida escribiendo. Observé su rostro completamente relajado, no tenía la línea marcada sobre su frente. Su espalda se erguía y sus dedos eran como una especie de prolongación de su cuerpo. Cada tanto se detenía mirando el teclado y con su mano izquierda hundía sus dedos en su cabellera y practicaba una especie de masaje hasta que nuevamente el impulso volvía sobre ella. Sus ojos que aún suelen mirarme con tanto amor, estaban casi sonrientes y atentos a lo que ocurría frente a ellos. Por momentos un suspiro la acompañaba y por otros alguna lágrima corría por su mejilla. Luego ese gesto, quitarse sus lentes y volvérselos a colocar. Y ese otro, de acostar el dedo índice sobre sus labios y detener el tiempo. No se dio cuenta de mi presencia entonces volví a mi cama tranquila porque sabía que ella estaba. Y esa fue la primera vez que respeté la regla tres, entendí que mi madre necesitaba escribir porque era el momento en que ella podía ser ella y sentir que esa libertad no la perdería por nada ni nadie.
AVG

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