Caluroso abril, húmedo como
aquello que brota desde el adentro, más de adentro que de afuera. Los días
parecen agotar la paciencia que no se deja desarrollar. El cartero ya no es el de antes, trae noticias de esas que
no querés saber. Las hojas están amarillentas pero de la sequía de los días anteriores.
El escenario de otoño se diluye entre los aún verdes tan potentes. Fin de mes, otro más y los bolsillos ahuecados y el tiempo corre, vuela ante las demandas de esos vampiros con rostro conocido.
Me detengo un instante y respiro, respiro con ansias. Cada uno está en su mundo, parecemos islas encerrados en nuestros propios barrotes,
conformados de excusas de las más ingeniosas con el augurio de que sean
verdades. Temerosos de mirarnos a los ojos
y dejarnos atravesar por lo que ese otro genera. Los besos se dejan y nunca se sabe cuándo será el
último. Se camina dando pasos acelerados pero por dentro los pasos son lentos
como si estuviéramos aprendiendo a caminar. Egoísmos nos habitan ¿por qué? Quizás en demasía ante los sufrimientos que
uno mismo ha generado. A veces somos
prófugos de nuestras propias carencias en vez de encontrar el camino de regreso. El
otoño no aparece, ¿será que lo he absorbido?, me volveré invierno muy pronto y
nada abrigará mi ilusión…
AVG
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