Ha dormido toda la mañana, pues
su noche es larga. Se despierta con un fuerte dolor de cabeza y vuelve a
ducharse, hace 6 horas de su último baño. Prepara un mate casi al medio día y
organiza la agenda de la noche. Acomoda su vestir, dejando todo listo para su
escenario nocturno. A eso de las 16 horas asiste a un curso de idiomas. A las
18 hs va al gimnasio poniendo empeño en su cuerpo. Limpia su casa y deja todo
listo para el día siguiente. Mientras lee “El amante japonés “de Isabel
Allende, su gata juguetea entre sus piernas. A las 20 hs comienza a prepararse,
a las 21,30 su primer cliente la pasa a buscar. La bañera perfumada con esencias
y sales es el habitad que ella suele detenerse
aunque sea un rato. Ironía en su vida, muchos hombres pero a la vez ninguno. Envuelve
su cuerpo con una crema hidratante y deja caer sobre su espalda la larga
cabellera de color castaño. Lencería en color negro debajo de un vestido azul francia. Portaligas
y medias caladas finamente cubren sus extensas piernas. Tacos en negro acompañan
sus pasos. Se maquilla mientras conversamos sobre lo que le significa ser “una
mujer de compañía”, así se define ella. Ejerce ésta profesión desde hace 6
años. Posee una clientela fija y eso le permite conocer los intereses de los
hombres, de los cuales habla con mucho respeto. Varios de ellos le hacen
obsequios y ella acepta gustosamente. Los hombres buscan sexo, fantasías
sexuales,libertad sexual o simplemente que se los escuche un pequeño instante. El sexo oral es
el más requerido. Y los besos en la boca están prohibidos, dice “no beso a
ninguno en la boca”, ante tal afirmación le preguntó, ¿por qué? Mientras coloca
el labial rojo sobre sus carnosos labios dice: Porque sólo beso por amor,
aunque vivo sin él.
Mi curiosidad es cada vez mayor,
pienso ¿no se podrá enamorar de alguno de sus clientes o es tal la barrera que
la mantiene alejada de los sentimientos que de alguna manera es una zona
prohibida?
Son las 21.30hs y una seña de luces anuncia la llegada de un
cliente. Con una sonrisa pícara me dice: Tendrías que una noche ponerte en mi
piel y así sabrías lo que se siente cuando lo tienes y a la vez pierdes cada
noche un poco más.
Me quedé en su departamento,
observando mi imagen en el espejo y
pensando que para escribir una buena historia hay que sentirla propia.

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